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Italian (IT)

La supersticiòn margina a minusvalidos en Camboya

El Telègrafo, 27 Settembre 2009

Un joven que padece parálisis cerebral y requiere diariamente atención de fisioterapia es atendido en uno de los tres centros que gestiona la ONG New Humanity, en Camboya.  Superstición y tabú abocan a los camboyanos con alguna discapacidad psíquica al rechazo social, incluso, dentro del seno familiar, porque la creencia popular atribuye su estado a la presencia de espíritus y al mal karma.

 Síndrome de Down, retraso mental o parálisis cerebral son algunas de las enfermedades ante las cuales muchas familias optan por ocultar al pariente que las padece. "Los encuentras en los bajos de las casas, en las hamacas, a veces desnudos. Ahí pasan todo el día", explica Cristina Togni, asesora de New Humanity, una de las escasas organizaciones no gubernamentales (ONG) en el país dedicadas a la atención de los discapacitados psíquicos. La vergüenza llega al extremo en ciertos casos de que los padres prefieran no inscribir en el Registro Civil al recién nacido con alguna deficiencia mental, de manera que no es de extrañar que después, oficialmente, no existan. "Convencer a las familias para que acepten a su hijo como es, resulta lo más difícil de nuestro trabajo. Si la familia no continúa el trabajo en casa, no se puede hacer nada", dice Togni. La asesora añade que no aceptan ingresar al programa ni ayudar a ningún discapacitado que no esté registrado porque, primero, las familias deben aceptarlo. El director de la ONG, Hervé Roqueplan, manifiesta que entre sus cometidos destaca enseñar a los padres que sus hijos tienen cualidades humanas, que tienen emociones, sentimientos. Meas Sarath tiene 10 años y sufre encefalopatía. Una retención de agua en el cráneo hace que tenga una cabeza el doble de grande que otros chicos de su edad. Se pasa el día tumbado en una cama de bambú delante de su modesta casa en Kompong Chhnang, a unos cien kilómetros al norte de la capital Phnom Penh, donde recibe la atención de la fundación. “Mi nombre es Sarath”, es lo único que sabe decir, aunque empieza a responder a algunos estímulos. Su madre, Chia Sabnin, admite que aceptar a su hijo fue muy difícil, aunque en su caso ha tenido algo de suerte con el vecindario y con sus otros seis hijos, que ayudan a cuidarlo. "Los vecinos no se ríen, sienten compasión", cuenta la mujer. La ONG explica el caso de otro chico que sufre una parálisis cerebral y precisa atención de fisioterapia constante. "Nos está costando que su madre nos acepte porque los ejercicios son dolorosos y ella cree que no hacemos ningún bien, pero también porque al vernos los vecinos saben que en la familia hay algún discapacitado", señala Cristina Togni. A uno de los tres centros que brinda asistencia New Humanity acuden una docena de niños con diversas discapacidades psíquicas que tienen en común unas quemaduras de cigarrillo en el vientre que forman un triángulo. Son las secuelas del intento de exorcizar el espíritu causante del mal, una muestra de la superstición, las creencias populares y las prácticas de curandería. "El problema es que la mayoría de familias no sabe qué hacer ni a dónde ir", indica Roqueplan, y añade que el programa que emplean logra que durante los primeros meses se vean muchos progresos: empiezan a caminar, juegan, interactúan. "Después las cosas van más lentas, pero esto sirve para animar a los familiares", añade el director de New Humanity ONG. Las expectativas para los discapacitados y sus familias son muy precarias en un país que cuenta con media docena de psiquiatras. El Gobierno camboyano alega que prepara un proyecto de ley que beneficiará a este grupo de profesionales, pero entretanto la legislación actual les impide, por ejemplo, ejercer de profesor en una escuela porque, a su criterio, “ofrece mal ejemplo”. “En Camboya estamos muy lejos de conseguir la integración social de los discapacitados. Nuestro objetivo es promover la dignidad de estas personas”, concluye Roqueplan.

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